Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensamientos.. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de abril de 2011

Reflexión...

Soy un ferviente defensor de las libertades personales. La de pensar, de decidir, de vivir, la de ser, etc. ¿Todas las personas estamos listas para ello? ¿Todas las personas podemos llegar a ser plenamente conscientes de aquella libertad? Y si lo somos ¿Asumimos la responsabilidad de la misma, en un mundo de muchas libertades personales las cuales debemos respetar y con las que tendremos que convivir?

Como decía Sartre la existencia humana está basada en la consciencia, la consciencia de quién soy, nuestra definición, nuestra esencia es la que construiremos nosotros mismos con nuestros actos. Y llegando a este punto me siento deslumbrado y dueño de mí mismo, pero también me doy cuenta de algo -junto con la consciencia - con lo cuál la libertad no podría desarrollarse a plenitud: La responsabilidad.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Comprender o no comprender...

"No sé lo que me pasa. No lo sé. No sé porqué actúo así. No lo sé. No lo entiendo y nadie me entiende. No sé porqué."
Llamémosle: Confusión.

No es necesario que los demás entiendan tu forma de comportarte, tampoco es necesario que tú la entiendas así, de manera mágica. El entendimiento no se fuerza, se obtiene después de la descripción. Describe lo que sientes, di "yo siento..." y luego pregúntate "¿Por qué siento esto...?".
Describe cada cosa que pasa, que piensas, que sientes. Hazlas simples, más y más simples. Desglósalas.Las situaciones en la vida no son complicada, solo no están bien definidas
A veces no es necesario entender sólo conocer. No importa que los demás no entienda. Conócete, aprende de ti y esa sensación de desasosiego se irá


Encuentra la sintonía contigo mismo y cuando estés sintonizado contigo... sintonizarás de manera espectacular con los demás.
----------------
Hasta la próxima.

Algo más: Empezaré a escribir aquí con más frecuencia.

martes, 24 de agosto de 2010

Soñar no cuesta nada...

Soy un soñador. Ese quizás es el grupo humano al que pertenezco. Soy un soñador empedernido y novelesco. Es que soñar no cuesta nada, señores, nada. Es gratis.

Sueño con ver a mi pueblo desarrollado, con mucho empleo. Sueño con que no haya altos índices de violencia familiar. Sueño con una cantidad mayor de jóvenes en la biblioteca que en las cantinas. Sueño en que todos aprendamos la cultura del ahorro. Sueño en una juventud de verbo florido y de lectura veloz. Sueño con que la palabra “vaguito” no sea más una cualidad que muchos quisiesen tener. Sueño con muchos universitarios y profesionales. Sueño con muchas personas emprendedoras. Sueño con el final de la envidia, de esos comentarios ponzoñosos. Sueño con que todos respetemos las reglas del juego. Con que la cultura del “más vivo” se convierta en la cultura de “el que hace lo correcto”; ya que el ser “zanahoria” no está mal si haces lo correcto.

Sueño con ver menos basura en las calles. Sueño con menos informalidad, en todo; menos informalidad en nuestras vidas. Sueño con progreso, con una mejor educación, con mejor salud, con más oportunidades. Sueño con que no haya niños que padezcan hambre o frío.

No hay nada que hacer, soy un soñador, un soñador empedernido, un soñador romántico.

Y es que sueño, señora, sueño. Sueño con mejores políticos. Con mejores votantes, con gente que no regale su voto por un pasaje. Sueño con la sinceridad, con que piensen en el bien común antes que en el propio.

Sueño con humanos preocupados por el medio ambiente, con personas que se preocupen en aprender, en vivir, en querer, en soñar, en leer, en divertirse, en amar –de verdad-.

Sueño con personas soñadoras, como yo. Sueño que este pueblo se encuentra unido, por un fin común, el único que debe existir: Crecer, progresar. Sueño con libros abiertos y personas leyendo. Con platos llenos de potajes nutritivos y niños comiendo. Pero sobre todo sueño, en que estas líneas dejen de serlo, no más un sueño, sino una realidad.

Soy un soñador, señores, uno quijotesco, que profesa sus deseos a aquellos que le brinden su atención, aunque sea por un instante.

No esperemos a ese “lunes cualquiera”, no esperemos ayudas externas, empecemos, actuemos, solidaricémonos con nuestros deseos y volvámoslos realidad. Debemos hacer las cosas bien, aunque cuesten, aunque el “camino corto” sea el que quieran seguir. Este es mi sueño, nada más, simplemente que todos hagamos las cosas bien, que todos confiemos en nosotros mismos, en que sepamos que aún nada está perdido.

Soy un soñador, quizás, pero ¿Qué son los sueños? No otra cosa más que metas, caminos que recorrer y este es mi primer paso: comunicarlos, confesarlos públicamente, convirtiendo al quién lo lea en mi confidente.

Si un solo día hiciéramos las cosas bien, nos pusiéramos de acuerdo, que diferente sería el mundo.

---------------------------------------

Hasta la próxima.

Algo más: Este escrito fue publicado en la revista Buenos Aires, del distrito de Buenos Aires - Morropón.